De trata y otras agresiones contra mujeres y niñas

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Pilar Pino Acevedo

El feminicidio de la pequeña Fátima estremeció a todo el país. Apenas tenía siete años y sufrió lo inenarrable. Su cuerpo fue tirado en un lote baldío como si de cualquier basura se tratase, con las uñas pintadas (símbolo de sexualización), signos de violencia sexual y tortura.

Las madres y padres nos estremecimos y vivimos terror, porque, desgraciadamente la próxima puede ser nuestra hija. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) en nuestro país desaparecen al día 7 niñas. Además ostentamos el vergonzoso primer lugar de prostitución infantil.

De acuerdo con un diagnóstico presentado en 2019 por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) 85 por ciento de las víctimas de trata de personas son mujeres y niñas, y la gran mayoría de ellas, explotadas sexualmente. Mientras que el más reciente Informe Mundial de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito 2016 refiere que 72 por ciento de quienes han sufrido este abuso son mujeres.

Asimismo, el diagnóstico refiere que el fin principal de trata es la explotación sexual. A nivel internacional, representa el 59% de los casos, para México el 70%  y de ellos, el 95% las víctimas son mujeres y niñas. La trata de personas es muy difícil de combatir por las utilidades que arroja, es el tercer delito más redituable a escala mundial, además por la aceptación social.

Lo anterior nos invita a reflexionar sobre cómo llegamos a estos niveles.  Sin duda alguna tiene que ver con la violencia generada por la absurda guerra contra el narcotráfico, que ha permeado todos los ámbitos y sectores sociales. Resultando en un incremento exponencial de la violencia contra las mujeres, niños, niñas y adolescentes, sobre todo los feminicidios; por ser las poblaciones más vulnerables en una  sociedad patriarcal y capitalista.

Rita Segato dice que los feminicidios deben entenderse como una problemática que trasciende los géneros para convertirse en un síntoma, o mejor dicho, en una expresión de una sociedad que ha anulado la compasión, la empatía, los vínculos humanos, el arraigo local y comunitario. Es decir, todos los obstáculos para el capitalismo salvaje, que depende la crueldad para aleccionar, esto se extiende al cuerpo de las mujeres y niñas.

Señala que “no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política, crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que desestabiliza”.

El mayor porcentaje de agresiones sexuales a mujeres, niños y niñas las comenten personas cercanas que además incurren otro tipo de agresiones que no son consideradas crímenes, tales como cosificación de las mujeres, hipersexualización de niñas, consumo de pornografía, entre otras.

Otro tema, es la cobertura que los medios dan a los feminicidios, porque colaboran a exhibir la agresión contra mujeres y niñas reproduciendo con morbo los detalles, haciendo de la victimización un espectáculo grotesco, sin la más mínima empatía por las víctimas y sus familiares, sin ética periodística.

Por otra parte, Rita Segato alude que la violencia machista no es producto del empoderamiento de las mujeres y su entrada al mercado laboral, sino de la precarización del empleo. Pues los hombres ya no pueden acceder a salarios dignos, lo que los lleva a estar frustrados e incurrir en acciones violentas.

Por último, la violencia contra mujeres y niñas es un fenómeno multifactorial que requiere una respuesta desde todos los ámbitos de la sociedad, con políticas públicas que incluyan la perspectiva de género que den soporte a las poblaciones económica y socialmente vulnerables, promuevan el sentido de comunidad y la cultura de la paz, e impulsen las nuevas masculinidades. Es trabajo de todas y de todos.