Culiacán; cuando el Estado Fallido dejó de ser tácito

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Por Pilar Pino Acevedo

Como la mayoría, no soy experta en seguridad, más que una opinión tengo una preocupación sobre lo ocurrido en Culiacán el pasado 17 de octubre. Mencionaré las estrategias específicas para desarticular al narcotráfico de los que saben; pues, como ya dije no soy experta.  La dimensión de esta guerra hace mucho que tiene rebasado al Estado mexicano, desde antes que Andrés Manuel López Obrador llegará a la presidencia.

Concuerdo con la mayoría de los analistas (los de verdad, no los que opinológos de las redes sociales) en que faltó trabajo de inteligencia y no se previeron los diversos escenarios ante la enorme capacidad del Cártel de Sinaloa.

En lo personal, me indignó bastante la postura de criticar al Estado por rendirse al chantaje, llamar cobardes a los integrantes de la milicia, sin importar la integridad de las personas que estaban en riesgo. Sin duda es parte de la normalización de la violencia, pero no deja de preocupar que como sociedad nos importe tan poco la vida humana.

Lo cierto es que lo tácito se hizo evidente, desde hace varios años sabemos que el Estado Mexicano no tiene la capacidad para desarticular al crimen organizado, el ya muy escuchado Estado Fallido.

Hay un consenso entre los teóricos y estadistas sobre que el monopolio de la violencia deber ser ejercido por el Estado, para mantener el orden público, la paz y soberanía nacionales; sin embargo, aquí eso no ocurre desde el sexenio del presidente Vicente Fox.

Consecuencias de apagar fuego con fuego

Parar la violencia con más violencia tiene como únicos resultados, violencia. Las víctimas hemos sido los ciudadanos. Vencer esta Hidra de mil cabezas, en teoría, debe hacerse con trabajo de inteligencia y desarmar al crimen organizado donde más les duele; en lo financiero. Además, desarticular de entre sus filas a políticos coludidos que no sólo protegen a los cárteles, sino que también son integrantes de los mismos, con ganancias económicas exorbitantes.

Una de las razones por la que se extendió la polarización de la opinión pública fue la confusión ocasionada por errática política de comunicación oficial.

En un inicio las autoridades explicaron que los elementos durante el patrullaje fueron atacados por criminales; horas después, que se trataba de un operativo para capturar a Ovidio Guzmán –bajo presiones de EUA, en donde pronto habrá elecciones y su captura sería utilizada con fines políticos-.

Posterior a su liberación, desde la conferencia matutina realizada en Oaxaca, el Presidente argumentó que se liberó a Ovidio para evitar que los criminales tomaran represalias contra los habitantes de Sinaloa. Asimismo, refrendó la decisión del Secretario de Seguridad Pública,  y de principales mandos de militares, debido a que se tornó difícil la situación,  por no decir que la ciudad fue sitiada y que miles de personas habrían perdido la vida ante ataques criminales.

Posibles soluciones

No obstante, no todo está perdido y aún puede haber posibles soluciones. Se trata de un problema con múltiples aristas y por tanto, debe de resolverse con todos los mecanismos del estado.  Por ejemplo, y si bien es cierto que ya se han dado golpes al hampa en este primer  sentido, es necesario fortalecer a la policía financiera para detener el lavado de dinero. Tampoco se debe dejar de lado  la compra ilegal de armas, rubro que se debe trabajar en conjunto con países que dotan a los cárteles de armamento.

Trabajar en políticas públicas de prevención y rehabilitación del consumo de drogas, dejar de ser una sociedad mocha y aceptar la legalización de la marihuana, entre otras. Además, en ese aspecto que sea el Estado quien tenga el monopolio de la producción; y finalmente, lucha frontal contra quienes cometan delitos que afecten directamente a la población, tales como extorsión, secuestro, robo, violencia en todos sus tipos y modalidades contra las mujeres, agresiones sexuales y trata de personas.

Muchos expertos y analistas coinciden en que legalizar la producción y consumo de estupefacientes reduciría mucho los niveles de violencia, ejemplos tenemos varios países, como Portugal. Sin embargo, cambiar el paradigma prohibicionista, costará mucho trabajo, negociación y cabildeo, sobre todo ante una “oposición” derechista que defiende tras bambalinas intereses económicos.

También es urgente recomponer el tejido social, erradicar la violencia estructural que tanto daño nos ha causado a todas y todos, ya que se tienen datos que en nuestro país, hay  niños y niñas de entre 6 y 10 años consumiendo de sustancias ilegales.

Después de lo ocurrido en Culiacán, en todos los estados del país hay temor de que recrudezca la violencia, que aumenten los índices de delitos e inseguridad. Igualmente se teme que células del crimen organizado crean que la salida es amenazar a la población para obtener lo que quieren, eso se debe evitar a toda costa.

Al final, hay algo que no hemos entendido; la violencia es problema de todos y de todas, nos guste o no.

No podemos quedarnos inermes quejándonos en las redes sociales, debemos poner nuestro granito de arena. Con acciones pequeñas como cuidarnos entre nosotros, nos conozcamos o no; denunciar delitos y actos de violencia; exigir al Estado el respeto pleno de nuestros derechos, resultados y transparencia de los programas y políticas públicas, los gobernados somos los jefes de los gobernantes; y, no participar en ningún tipo de corrupción.