Cuatro casos de incomunicación de políticos

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Por Simitrio Quezada

Primer caso:

“Con la venia de ustedes, permítanme argumentar: Intrínsecamente, la tensión natural entre demandas y satisfacciones en el seno de una comunidad agrupante como la que hoy nos aloja nos lleva a coadyuvar conjunta y solidariamente en nombre de una auténtica gobernancia que redunde en beneficios comunes, plenamente compartidos, perfectamente asumidos en la concomitancia necesaria”.

Segundo caso:

“Yo, Joaquín Vera Barrón, les aseguro que Joaquín Vera Barrón es un hombre que no traiciona, que no se burla de la gente con la que él se compromete. Y Joaquín Vera Barrón jamás traicionaría los ideales de nadie: menos los de Joaquín Vera Barrón”.

Tercer caso:

“Les hacemos un breve resumen rápido sobre nuestra trayectoria: estudiamos en la Facultad de Derecho, allí fuimos presidentes de la sociedad de alumnos, nos graduamos con promedio de 9.8, obtuvimos una regiduría en 2007, después nos casamos con la entonces señorita Araceli Rodríguez”.

Cuarto caso:

“Esteee… y de alguna manera los anteriores gobernantes fueron muy cab… bueno, pos muy cabezones ¿edá? y esteee… pos nos dejaron pos ora sí que como quien dice sin calzones, con la cola al aire, ¿edá? Pero precisamente yo no voy esteee a ser así con ustedes. Esteee… ni voy a ser así con ustedes ni de alguna manera a hacerle así con ustedes porque esteee… porque de alguna manera ustedes me han demostrado precisamente cómo son ustedes ¿edá? y yo pos de alguna manera les he mostrado precisamente cómo soy yo y ¡pos chifle su máuser! ¿edá? Ira: hasta la doñita de aquí enfrente se rió. Y esteee yo no me ando precisamente pos… esteee… ora sí que precisamente con jaladas ¿edá?”.

Estos cuatro casos, basados en discursos reales de políticos, delatan mucho de la triste realidad que vivimos. El primero es el del político que cree que utilizar palabras complicadas o “domingueras” redundará en una imagen favorable entre los demás. Él cree que quienes lo escuchen creerán que es inteligente, excelente orador, que sabe utilizar la retórica… cuando en realidad incumple la regla “Nunca incorpores en tu discurso una palabra de cuyo significado no estés completamente seguro”. No se comunica; por el contrario: su vocabulario es una barrera para hacer contacto con su audiencia.

El segundo caso es el del que habla de sí en tercera persona. Aunque emitido con buena intención, el discurso da una impresión de falsedad y petulancia. Además puede desorientar a más de uno: ¿Qué no es Joaquín Vera Barrón el que está hablando? Entonces ¿por qué habla de otro Joaquín Vera Barrón? ¿se refiere a su padre? Si habla de él mismo, ¿por qué no utiliza la palabra “Yo”? ¿Qué gana con adornarse así?

El tercer caso me recuerda a un personaje de los evangelios cristianos: Legión, el demonio que es muchos demonios. Tan embebido está el que habla por parecer humilde o no protagónico, no petulante, que esa primera persona del plural no sólo resulta inadecuada sino también ridícula, al grado de que involuntariamente da a entender que su esposa está casada con muchos o, lo peor, al querer ser exacto en el manejo de tiempo, que ella era señorita y después de la boda ya no.

El cuarto caso es el del desparpadajo que, buscando oponerse al primer caso, se lanza al extremo contrario: “Chin marín, estamos en confianza, yo no les voy a hablar como los p… ches políticos de siempre, rateros sinvergüenzas”. Si al abuso de expresiones coloquiales e imágenes burdas agregamos muletillas como “Esteee”, “precisamente” y “de alguna manera”, el resultado es un pesado plato de chilaquiles verbales, tan odioso como la imagen misma que utilizo para definirlo.

La solución se encuentra entre la autenticidad, el equilibrio, el conocimiento del otro, la sencillez y la eficacia. La retórica fue creada como un conjunto de recursos para persuadir, para acercar a uno la audiencia; no para confundirla en intentos de apantallarla y alejarla con intentos de servir uno a uno mismo antes que a los demás. Siempre el contexto dicta el texto que se ha de utilizar; siempre el curso de los acontecimientos dominantes dicta la elaboración del discurso.

siquezada@hotmail.com