Comicios 2021: Cortar las alas al maximalismo presidencial

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Pilar Pino Acevedo

La participación ciudadana fue histórica, el domingo salió a votar 51.2 por ciento del padrón electoral nacional. La mayor de los últimos 100 años, tratándose de elecciones intermedias según reportó el INE.  Es claro el mensaje que las y los ciudadanos han emitido al presidente en la urnas, ponerle freno a su mayor ambición, tener mayoría calificada en el Congreso. 

La democracia requiere contrapesos, pese a que la oposición esté debilitada, carezca de liderazgos reales y de ideología –aunque esta última sea el talón de Aquiles de la política mexicana-. Las personas nos hartamos de la dinámica nociva de los primeros 3 años de Andrés Manuel López Obrador que  ataca e intimida una vez tras otra a feministas, jueces, empresarios, periodistas, organizaciones no gubernamentales y opositores políticos. No piensa  en las peligrosas fracturas que provoca en la sociedad. Sin contar con sus políticas económicas retrogradas en materia de energía (apostar a refinerías y no energías limpias) y de justicia (al militarizar al país).

Afortunadamente y gracias a la participación ciudadana, la ambición del maximalismo presidencial quedó anulada para evitar que los errores de la 4T sean irreversibles. Ahora le corresponde negociar y llegar a un consenso si quiere cambiar las estructuras del Estado, algo que no parece gustarle mucho. Demostró su incapacidad para controlar la violencia e inseguridad ya que tan solo  en los comicios asesinaron a 90 candidatxs y se cometieron cientos de ataques armados contra aspirantes a puestos de elección. 

Sin embargo, tanto el PRI como el PAN siguen pagando factura por los excesos del pasado y aunque crecen como fuerzas marginales, les queda mucho camino que recorrer y a menos que hagan reingeniería en su interior, replanteen sus bases ideológicas con miras en el bienestar de la población (no des sus intereses propios) y tengan un liderazgo real; es casi seguro que Morena conservará la presidencia en el 2024.

Es necesario que el realismo vuelva a ocupar la rectoría del Estado. López Obrador ha de escuchar el mensaje de la ciudadanía y dedicarse a construir un país donde el diálogo prive sobre la descalificación, el pacto sobre la imposición, y la ley sobre el crimen, aunque suene a utopía.

También debemos reconocer las acciones acertadas del presidente como las transferencias monetarias a las y los adultos mayores, las becas para jóvenes, el incremento del salario mínimo, la disminución de las semanas de cotización para obtener un crédito inmobiliario, el freno al outsourcing y, sobre todo, que en esta crisis económica y civilizatoria mundial no privatizó las ganancias y socializó la pérdidas como lo hicieron sus antecesores.

¿Qué sigue para el movimiento feminista?

La oposición tomó la bandera feminista para ganar votos, no porque les interesen los problemas que vivimos las mujeres. Si el neoliberalismo declaró la lucha contra la igualdad social, ahora que este modelo ha caído en crisis, el movimiento feminista ha cobrado fuerza porque lo que busca es la igualdad. También nos habla de un despertar en la conciencia de mujeres y niñas que ahora se saben sujetas de derechos.

Está claro que somos mayoría en México y que el funcionariado público de los partidos de oposición que no trabajen para favorecer las condiciones de las mujeres, a quienes tradicionalmente se les utiliza en los procesos electorales, tendrán que pagar la factura en la próxima elección.

Las cifras oficiales son que el 80% de las víctimas de feminicidio y 96% de las víctimas de trata son personas pobres, debemos luchar por la disminución de la pobreza y la desigualdad, debemos buscar cambiar la realidad socioeconómica de nuestro país y crear condiciones para la movilidad social que prácticamente se convirtió en un ser mitológico en los últimos 30 años. Porque la pobreza y desigualdad siempre nos afecta más a las mujeres.

Como mayoría ciudadana es nuestro deber ejercer presión para que existan políticas redistributivas, condiciones para la generación de empleo para las y los jóvenes, becas para evitar la deserción escolar, ampliar la canasta básica para que realmente una familia pueda sostenerse con el salario mínimo, mejorar la condiciones laborales y reestructurar el sistema de pensiones que a la postre nos llevara a varias generaciones a vivir una vejez en la pobreza.