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Por Adrián González

Señor Gobernador usted no me conoce, soy uno de los 241 mil 789 zacatecanos que votaron por usted, en el pasado proceso electoral. Me dedico al comercio, pago  puntualmente mis  impuestos; el dinero que paga su salario bonos y demás.  Soy un ciudadano común, pago mis deudas, trato de ser buen vecino, respeto las leyes de tránsito; trato de hacer lo que me corresponde desde donde estoy,  para hacer un país mejor para mis hijos.

Con decepción leo lo que ya estaba preparado para saber; no hay elementos para que su antecesor -y amigo- sea obligado ya no digo a pisar la cárcel,  sino al menos a resarcir el daño al erario, daño que nos dejó con una deuda que pagaremos en varios sexenios.

Noto con decepción, que su Gobierno, tiene la franca intención de aplicar el borrón y cuenta nueva al caso más escandaloso de saqueo del dinero público de la historia reciente de nuestro Estado.   Con esa acción, acaba de subirse al tren, de lo que tiene podrido al país; la corrupción, que nace invariablemente de la impunidad.

Las acusaciones que caen sobre su antecesor, apreciable Alejandro, no fueron pocas. Hoy usted, que tiene hijos a los que está educando, sin querer  les ha dado una bofetada, al convertirse en pieza clave de lo que pudre al país. Su acción de lealtad para con su amigo, el ex Gobernador, es una pieza más a la corrupción,  que en la práctica, justifica al directivo policiaco que se deja comprar por el crimen organizado, de sus subordinados que verán natural tomar dinero de la caja abierta del erario, porque aquí no pasa nada.

¿Cómo hará para ver a sus hijos a la cara cuando gracias a que desapareció el dinero, morirán algunos niños en el Hospital General por falta de  medicinas, doctores y equipo médico? Estoy conciente y sé que de acuerdo a la declaración  3 de 3 de usted y sus funcionarios viven en otra realidad. ¿Cómo hará para lograr un combate real ese cáncer de la corrupción  si  es un mal sistemático, que empieza en la cabeza del Estado y se reproduce, en la mayoría de los ciudadanos al amparo de la nulidad de consecuencias? Con esta afirmación no lo estoy culpando de las acciones de otros, pero ¿con qué cara podrá llamar a sus funcionarios -por ejemplo- a que no cometan actos ilícitos, su usted acaba de dar protección e impunidad a un corrupto?  

Admito mi torpeza de creer que usted sí tendría el valor para hacer un gobierno Diferente, como presume su slogan,  ya veo que no. La vorágine del compadrazgo lo absorbe, es una lástima. Con esa simple acción usted demuestra que es fácil dejarse llevar por la corriente, y quizá hasta conveniente, en un régimen, cuya médula está podrida.

Usted Gobernador ya tiene su lugar en la historia pero no como el mandatario al que “no le tembló la mano” contra la corrupción, sino como un tornillo más en la maquinaria de los que aceitaron el sistema para que todo siga tal como está. Lamento el día que los zacatecanos le dimos la oportunidad de marcar un parteaguas, de ser “diferente”,  pero usted nos falló y decidió mimetizarse con el entorno…