Carlos Peña Badillo, de las buenas intenciones a los escándalos de corrupción

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Por Norma Galarza Flores/La Cueva del Lobo

 

Conocí a Carlos Peña Badillo hace más de  3 años, durante una entrevista a la que acompañé a mi finado esposo Marco Casillas. En aquel entonces, el ex alcalde capitalino fungía aún como Secretario Privado  de Miguel Alonso.  Era un novato en la función pública, pero quería ascender en el mundo de la política y con la venia de quien después se convertiría en el “Rey Midas” de los procesos electorales,  fue nombrado candidato y luego Alcalde capitalino.

Hace poco más de 3 años Carlos Peña tenía un gran futuro político.  Joven, carismático, aun con el brillo en los ojos de quien quiere hacer bien las cosas, con el respaldo del mandamás estatal, tenía todo para llegar lejos. Así lo percibí yo, así lo percibieron miles de capitalinos que decidieron sufragar a su favor.

Hoy, en un ambiente dónde la deslealtad es la regla para ascender, Carlos Peña Badillo, tomará protesta en pocos días como integrante, de la LXII Legislatura local, a pesar de estar acusado de desviar 10 millones de pesos de las arcas del municipio donde gobernó, de acuerdo a una denuncia ciudadana publicada por el diario La Jornada Zacatecas (leer nota aquí).

Poco queda de aquel muchacho de Río Grande, a quien de acuerdo a aquella entrevista “en mi casa me enseñaron a trabajar honradamente”.

Se mimetizó a tal grado con la corrupción, que, incluso, navega con la bandera de los cínicos, al afirmar que,  “Trabajaremos en los temas de transparencia, de fiscalización, de la rendición de cuentas de quienes somos servidores públicos”,(leer nota aquí) amparado en la Santa Impunidad, su patrona, ahora que será Diputado.

Aún recuerdo al falso benevolente Presidente Municipal, anunciar con bombo y platillo que entregaría la mitad de su sueldo a las hormiguitas, los trabajadores de limpia que ganan poco más de 3 mil pesos al mes. Sainete populista del casi Diputado, porque  mientras pregonaba su generosidad, de acuerdo a la Auditoría Superior del Estado (ASE) el sacrificado alcalde percibía un salario de 67 mil 805 pesos mensuales, es decir casi un millón de pesos por año.

Lo que más indigna de este caso, es que no pasará nada. Quedará como todos los escándalos políticos relacionados con la corrupción, en el cementerio de la impunidad.

En pocos días Peña Badillo, será ungido como Legislador, después de todo sigue contando con la protección de MAR, y no sólo eso, pasarán dos años y lo veremos con su sonrisa facilona buscando el voto para el Senado de la República o para una Diputación Federal, lo que se le antoje.Después de todo hemos normalizado tanto la corrupción que en nuestro país,  la decencia en política, no sólo es un accesorio inútil, sino vergonzoso.