Amar y querer no es igual, amar es sufrir, querer es gozar

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Por Norma Galarza

Te preguntarás querido lector, el porqué de la evocación musical a Don José José con la que intitulo la presente columna de día “ecuador” de la semana. Y yo pretextaré que quizá sea que el ambiente cálido empieza a regalarnos los primeros vestigios de la primavera, o que en nuestro Estado el impuesto ecológico nos ha vuelto monotemáticos, y hoy, me dieron ganas de variar.

Hoy charlemos de los que amamos a Zacatecas y de los que quieren a Zacatecas. Porque no es lo mismo, dista mucho de serlo. Sí, aunque la frase de “amor a Zacatecas” suene a slogan reciclado de aquel sexenio encabezado por la izquierda fashion, quiero que salgamos un poco de la rutinaria queja en la que se ha convertido este espacio y hablemos de amar, no de querer, como dice el tema que surgió de la inspiración del español Manuel Alejandro.

Honestamente, los que amamos nuestra tierra – que somos legión- deberíamos alzar la ceja cuando algún político en campaña habla de “querer a Zacatecas” sería prudente preguntarle ¿para qué y qué tanto nos va a afectar su muestra afectiva, que necesariamente implica que Zacatecas le reditúe genero$amente?. Ahí radica la diferencia como la hace notar magistralmente la célebre canción popularizada por “El príncipe de la Canción” desde finales de los setenta.

Pero hablando de amar, para amar se necesita involucrar todos los sentidos, eso implica una conocimiento de lo amado. Porque simplemente, es cierto lo que decía San Agustín “nadie puede amar lo que no conoce”.  Por eso amamos lo que podemos saborear, olfatear, tocar. En lo personal, yo le ofrendo mi amor a mi Villanueva, específicamente al rancho donde crecí, al cual regreso cada que puedo ¿cómo presa de un embrujo? tal vez, aunque yo le creo más a Chavela Vargas cuando decía que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.

Pero hay una distancia enorme entre decir y demostrar. Ahí tienes por ejemplo cuando dices amar a tu ciudad pero sigues ensuciándola, o la irrespetas con tus actos. A nuestro “caballito de mar” que navega en una pequeña parte del vasto globo terráqueo, la amamos por muchas cosas, porque aquí están nuestras raíces, porque aquí están nuestros muertos,  porque aquí les labraremos un futuro a nuestros hijos. Amar a Zacatecas implica amar al combo completo, no solo su territorio, también sus buenas y sus malas costumbres.

 Si piensas que la amas lo que representa en la historia o por la belleza monumental de sus edificios, solo la quieres. El amor implica que amamos la tierra colorada que nos regaló la fertilidad creativa de Ramón López Velarde (que ojalá me favoreciera con la facilidad de alfarero profesional con la que moldeó la prosa), a las manos generosas que te ofrecen la tortilla con chile en sus comunidades y la reliquia de los santos en las ciudades, pero también a las personas que nos resultan irritantes.

Bueno, querido lector que me haces el favor de leer los desvaríos que surgen de beber la saludable infusión de té de cannabis (no es cierto, bueno sí); te dejo con esa reflexión. Feliz miércoles.