Abstencionistas, de rebeldes a cómplices del sistema

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Por Norma Galarza

Si usted es de ese grupo de  ciudadanos a los que el hartazgo en la clase política dejó con la sensación de que su participación en los procesos electorales no sirve para nada y se abstiene de emitir su voto, quizá le convendría replantearse esa premisa.  Vamos desde el principio, abstenerse es, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, “la actitud o práctica consistente en no ejercer el derecho a participar en determinadas decisiones, especialmente en política”.

Hoy, no solo en Zacatecas sino en todo el país, los abstencionistas son lo que definen el rumbo de  los  procesos electorales. No exagero, ya que de acuerdo al Programa de Acompañamiento Ciudadano del Instituto Federal Electoral  (PACIFE), en el 2012,   sólo el 63.34 por ciento de los 79 millones 454 mil 802 ciudadanos inscritos en la lista nominal, ejercieron su derecho al voto

 ¿Pero qué implica el nivel de abstencionismo en la vida política del país? implica que el voto duro  -los militantes y simpatizantes “seguros”-  inhibe la alternancia y condena a la nación a perpetuar en el poder a un solo partido político. ¿No me cree? Tenemos el caso de la pasada elección extraordinaria como muestra.

Y es que, cuando decidimos no participar en los procesos electorales, minamos las posibilidades de los aspirantes de la alternancia. Otro factor que contribuye es la proliferación de partidos políticos, pero ese es otro tema.  Al abstenernos, adoptamos deliberadamente la dinámica de esperar que las soluciones a todos nuestros problemas vengan de fuera, a pesar de que la experiencia nos enseña que eso nunca ha funcionado.

 No participar, no es, -en la práctica- una muestra de rebeldía, sino de cobardía. Quien no vota, evade la responsabilidad de cargar con las culpas si las cosas no resultan como se planearon. Es decir, el abstencionista espera que la omisión de su derecho, lo esgrima  de las consecuencias de ciertas decisiones. Además, las implicaciones que tiene la opción deliberada de dejarles nuestro compromiso a otros, tiene su origen en una forma simplista de ver los problemas y en la comodidad, es más fácil seguir culpando a los demás.

Los abstencionistas se convierten en los “Pilatos” de los procesos electorales, son los primeros en lavarse las manos si las cosas resultan en un fiasco esa es su defensa. Pero sin planearlo, al desentenderse de todo lo que ocurre en la vida política del país, se convierten en los cómplices que necesita el sistema para reproducirse bajo el mismo esquema operativo.

Sin duda, la participación ciudadana es uno de los factores que nos damos el lujo de despreciar en nuestra raquítica democracia. Si bien es cierto que hay una justa y generalizada decepción en todo lo que se refiere a temas políticos, abstenerse no solo no concebirá el cambio, al contrario, es el ingrediente principal para que todo siga tal y como está.