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La verdad se castra matando periodistas
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Por Andrés Vera Díaz

Usualmente siempre redacto sobre temas políticos, esta no será la excepción pero con un matiz dedicado a los periodistas ultimados por el ejercicio de su trabajo informativo.

La mayoría de las agresiones y asesinatos contra comunicadores han sido como escribiera el hoy acaecido Javier Valdez ““A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno”. La referencia era hacia su colega en el mismo medio, pero resuena en el alma de todos los periodistas en México, los verdaderos.

Son tantas las formas de pensamiento, los intereses y los “oficiales” que la diferencia es clara. Algunos se han retirado y ejercen otros oficios, unos más exiliados viven con temor latente, los realmente comprometidos en que el país cambie, están en la tumba o han sido objeto de represalias infames.

Desde el despido forzado de Carmen Aristegui por orden de Calderón, hasta amenazas por criticar las publicaciones idiotas de diputadas locales de MORENA. El contexto y la dimensión son diferentes, la similitud radica en la acción de reprimenda, y eso, no es permisible en ningún grado.

¿Porqué la indignación tan férrea?. No se trata en particular de una muerte, sino las de miles, cientos de miles que ya no respiran ni oyen ni ven biológicamente porque la guerra, la impunidad y la corrupción son una política de estado promovida, defendida y amordazada por gobernantes.

Pero el problema más patético, se enraiza en aquellos que aún viven, o eso dicen, pero ante la indolencia, la pelea por un cambio o la protesta social, han fallecido como seres sociales.

El país vive en un infierno horripilante, los hechos, los números hablan. Los posicionamientos políticos en contra de la funesta realidad nacen finados, porque no pueden ya repetir la fórmula de repetir mil veces la misma mentira para que se convierta en verdad.

He aquí lo innegable. El 2017 se está convirtiendo en uno de los peores años para ejercer el periodismo en México. En los últimos cinco meses han sido asesinados seis reporteros, colocando a México en el tercer país más peligroso para ser periodista después de Siria y Afganistán, según datos de la organización Reporteros Sin Fronteras.

Este 15 de mayo, el reconocido periodista Javier Valdez Cárdenas, fundador y director del semanario Ríodoce, fue asesinado este mediodía en calles de Culiacán, Sinaloa. Valdez fue ultimado cuando conducía por las calles de la capital de Sinaloa.

Filiberto Álvarez Landeros fue asesinado a balazos el 29 de abril cuando salía de la estación de radio donde trabajaba y se dirigía a su casa en Tlaquiltenango, Morelos.

El 14 de abril Maximino Rodríguez, reportero del Colectivo Pericú, fue asesinado al mediodía afuera de una tienda en La Paz, Baja California Sur. El comunicador viajaba con su esposa.

El 23 de marzo, la periodista Miroslava Breach -de 54 años- llevaría a uno de sus hijos a la escuela cuando le dispararon ocho veces en Chihuahua. Breach era corresponsal del La Jornada, colaboradora de El Norte de Chihuahua y fue directora editorial de El Norte de Ciudad Juárez.

Tres días antes, el 19 de marzo, el periodista veracruzano Ricardo Monlui Cabrera fue asesinado en el municipio de Yanga cuando sujetos armados le dispararon a quemarropa en un restaurante.

El 2 de marzo, Cecilio Pineda se convirtió en el primer periodista asesinado en 2017. El director del diario La Voz de la Tierra Caliente y colaborador de El Universal fue ejecutado cuando esperaba en un autolavado su camioneta. Dos personas en motocicleta se acercaron y le dispararon.

Del año 2000 a la fecha se han documentado 110 periodistas asesinados, el gobierno de Javier Duarte de Ochoa en Veracruz destacó con 22 ejecutados. En México, la impunidad alimenta la muerte. Mejor matar a un periodista que dejar caer al podrido sistema.

Pero, ¿porqué tanta importancia a la muerte de periodistas que somos iguales que aquellos que han sufrido el embate de la delincuencia en todas sus formas?. La prensa (en sus varias plataformas) juega un papel central al informar de forma contextualizada sobre los temas relevantes para todos los ciudadanos y ciudadanas, al agendar en debate público las cuestiones centrales para el desarrollo y la democracia, al actuar como “perro-guardián” de los gobiernos y otros actores.

El periodismo es la verdadera voz del pueblo, el vehículo que transporta la información de este, el que cuenta los sucesos, el que educa a la población, el que cuenta las dificultades que estos llevan a cuestas: los problemas políticos, las guerras, el hambre, la pobreza, la corrupción; el que le transmite al mundo el bienestar y los logros que los ciudadanos de cualquier parte del mundo han ganado con su esfuerzo.

El verdadero periodismo es el que apoya el desarrollo de una sociedad no el que venda a la sociedad por intereses monetarios. El periodista tiene en sus manos la libertad de todo un pueblo, en contar las múltiples historias que lo agobian.

A pesar de que pareciera nada cambia, el periodismo veraz entiende y da a entender las causas de los problemas, los motivos por los que surgen y propone su solución a la sociedad, ésta última determina si aplica o no la transformación, ¿pero cómo entonces saber que cambiar si no hay periodista que emita la información?. Por eso morimos, porque muchos no quieren cambiar, quieren ser los mismos corruptos, asesinos y mercadólogos de la muerte.

De ahí la necesidad de que el pueblo se informe, para conocer las razones de su desgracia, o en contraparte, de su buenaventura como ejemplo a seguir, pero mientras existan valientes periodistas, la esperanza de un mundo menos desigual seguirá existiendo. Por eso y muchas razones más, el periodismo no puede morir. Ya basta de tanta podredumbre.

Para Javier Valdez, con quien sólo converse 5 minutos, pero me aleccionó toda una vida.