Discriminación y pensar con los intestinos

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Norma Galarza

La mayoría de las personas son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante (Jonathan Swift, escritor irlandés)

El post de Facebook de un señor de nombre Efraín Esparza Montalvo, desdicho y atribuido por él mismo a hackers sin quehacer, denota una tara que afecta persistentemente a los mexicanos.

Tal publicación, al referirse a una foto en la que la asistente de Claudia Anaya le acerca un vaso de agua durante una conferencia con Jesús Zambrano decía: “Esta imagen dice más que mil palabras. Si no es capaz de sostener un vaso para sorber de él, mucho menos echarse al hombro un Estado como Zacatecas”… y todavía remató argumentando que eso no era misoginia sino la pura verdad.

Tal personaje al recibir tremendas críticas bajó su publicación y luego se hizo la vistima al señalar complot de delincuentes virtuales.  Lo que sobresale de este resbalón atribuido en principio a quien se dice periodista, que a la postre simpatiza con un proyecto político diferente al de la Senadora con licencia, es, que no es el único ser humano incapaz de permitir a sus neuronas hacer sinapsis cuando se juzga lo desconocido.

He leído bastantes comentarios en el mismo tono, cargados de ignorancia, discriminación, violencia y falta de empatía en los que sobresale la tendencia tal popularizada a opinar desde las tripas.

Y es que, no son solo los tiempos de efervescencia política lo que sacan lo peor de las personas, es una cultura arraigada que desvalora la capacidad intelectual para privilegiar lo que pueden ver.

No es fácil entender que el valor de las personas no radica simplemente en lo que se percibe con los sentidos básicos, sino en el todo que de las conforma. Dicho en palabras de Antoine de Saint-Exupéry, lo esencial, es invisible a los ojos.

  Los humanos nos construimos cotidianamente con las luchas que enfrentamos, y sí, da pena que para las personas con discapacidad las trabas se las impongamos los que nos asumimos como “sanos”.  Creo necesario explicar la razón por la que usé la palabra “sanos”, lo que pasa es que mucha gente confunde discapacidad con enfermedad. Seré honesta contigo, querido lector, lectora, sobre el motivo por el que el tipo de manifestaciones de los que ha sido víctima la aspirante a la Gubernatura del Estado del proyecto conjunto de PRI PAN y PRD, Va por Zacatecas, me afectan.

Mi hija tiene una discapacidad motriz que contrasta con una lucidez mental que le ha servido para derribar las barreras que le imponen los “normales”. A Anaya Mota más allá del proyecto político que hoy encabeza le reconozco una  trayectoria de trabajo y de lucha constante que ha enfrentado desde aquel fatídico día de su accidente.

Es cierto que le ha tocado vivir desde el confort de una posición económica acomodada, pero eso no demerita el logro de enfrentar no sólo a una sociedad incapaz de arropar, también  a un sector en el que se pelea contra la discriminación y el  machismo.

A Claudia la conozco desde que era funcionaria pública en la administración de Amalia García y me consta su capacidad intelectual, su historia es totalmente distinta a la de mi hija, porque no nació con su problema, sin embargo ella ha demostrado que cuando se tiene un espíritu más alto que cualquier ser humano educado en la mediocridad, como bien lo decía Frida Kahlo, ¿para qué quieres piernas si tienes alas para volar?

Es indubitable que  la ex funcionaria que impulsó proyectos de movilidad inclusiva en la zona conurbada desde su trinchera como titular de la entonces Comisión Estatal de la Inclusión Social para las Personas con Discapacidad (CEISD), los retos no la espantan.

Está acostumbrada, porque su vida es un reto.  En política nadie le ha regalado nada, esa es la verdad, ha sido Diputada, Senadora y si los opinólogos intestinales se tomaran el tiempo de investigar, sabrían que la avala una trayectoria de productividad y de trabajo, que la separan del montón que solo calienta la curul.

 La importante posición que hoy ostenta, no le fue dada como muchos han señalado porque se “vale de su discapacidad”, se la ganó por su reputación, por su trayectoria  y porque se empeña en prepararse académicamente.